El místico sistema ansioso y la curación del curandero

      ¡Usted que leyó el título de este pequeño ensayo y sintió una ola química y eléctrica recorrer la vastedad de sus contornos corporales, de los más soleados a los menos soleados, sepa que está más cerca de la curación! Sí, dejé de ser filósofo y pasé a ser curandero, ya que involucrar cualquier orientación racional en simbología, en referencias subjetivas y en autoridad prende mucho más la atención. Por lo tanto, venga conmigo a la solución mágica, última y, imaginen, gratuita.

      La ansiedad, entre otras cosas, es un estado corporal incómodo. Taquicardia, insomnio, caída de la libido, aislamiento social, diarrea, vómito, dificultad para tomar decisiones y dificultad para mantener decisiones. Sabed que he tenido una revelación mística que responde a todo esto. ¡Yo, que ahora soy curandero!

Antiguos alienígenas legaron ese conocimiento, por medio de su influencia en las culturas egipcias. Fue escrito en los pergaminos del "libro de los muertos". Está allí, en las confesiones a la diosa Ma'at. Las confesiones son cuarenta y dos. Es fácil no prestar atención al comienzo repetido de las sentencias, "yo no". Es más obvio ver la acción descrita, como la que consta en la confesión de n. 04: "No he asesinado a un hombre o una mujer".

      Las sociedades secretas, la Iglesia, la mafia, los mismos alienígenas de los egipcios y, pasmando, su propia familia, mucho tiempo después, esconden de ti esa cura. Lo que está detrás del "yo no". ¿Y qué sería eso? Ningún problema puede ser suficientemente comprendido a partir del "yo". En otras palabras, debería tener una coma, una interrogación y una exclamación no traducidas en la expresión antigua. Mejor sería: "¿Yo? ¡No! ". Tenemos que perdonar las imprecisiones de los egipcios, traducir alienígenas no debe ser fácil.

      Los astros de "Supernanny" y de "El encantador de perros", que probablemente son alienígenas, viven y se alimentan de esa curación. Ellos han divulgado esas lecciones milenarias sin que la mayoría lo perciban. No hay problema en el "yo", incluso de un bebé o de un perro, que no pase por la comprensión del entorno.

       ¡En resumen, si usted está ansioso, la culpa no es suya! Bueno, ella será si, después de tomar conciencia de ello, no asumir otra actitud. El ser humano no es ansioso, no es una condición normal. Los monjes (que también son, en su mayoría, alienígenas) se vuelven hacia ellos mismos y son inundados y besuntados de un gran placer, justamente porque bloquean las relaciones exteriores. Por lo tanto, el “yo no” es ansioso (me perdonen el juego de palabras con la confesión a la diosa Ma’at)!

      ¿Vamos a convertirnos en monjes? No es una solución amplia, porque alguien tiene que sobrar para alimentar al mundo. Entonces la cura pasa por el análisis de los factores cíclicos y sistémicos de ansiedad. En este momento usted debe estar preguntándose lo siguiente: ¿las personas que lo hacen esto con ustedes son malvadas? Y yo respondo revelando otro secreto (bien escondido en el símbolo de la bandera de Corea del Sur): bien y mal son indisociables de la condición humana y todas las acciones los cargan. Alguien que le gusta de usted puede estar, en este preciso momento, alimentando, consciente o inconscientemente, su ansiedad. Los padres son el mejor ejemplo (diría "Supernanny"), alimentan la ansiedad de los hijos por exceso de celo. Incluso el más bello y fuerte de los vínculos puede ser doloroso y ansioso.

      Concluyendo, hasta la cultura pop ya sabe, por proyectar el colectivo por la galaxia, aun cuando se trata de la singularidad humana, nadie se siente algo sólo por repercusión del "yo". La vida social está marcada por el "nosotros". Lo bueno y lo malo se entrelazan y unen todas nuestras vidas. No hay enfermedad o curación que no conciba la importancia de los actos sociales. Me despido y no pido secreto, porque esta cura mejor se esconde siendo obvia. Los humanos sólo creen en revelaciones místicas, en efectos irracionales, porque, en el fondo, aguardan que seres de otros planetas los rescatan de su mal comprendida soledad terrena.

Vagner Felipe Kühn